El
joven del estudio
Dos
años de edad. Hablar y caminar ya eran retos parcialmente cumplidos, aunque no
era el hombre más veloz del mundo, correr ya no me representaba una dificultad
al igual que al expresarme con las demás personas que me rodeaban. En ese
momento ya había dado dos grandes “pasos” de la vida.
El
siguiente gran reto se acercaba, este me acompañaría por un gran periodo de mi
vida en el que me encuentro actualmente. La escuela me esperaba con las puertas
abiertas; las lágrimas de mi madre comprobaban que el reto había empezado y no
había vuelta atrás, su bebé ya era un estudiante. Maternal, primero y segundo
fueron los tres años que estuve en mi primer kínder. La memoria no me alcanza
para recordar con exactitud esos tiempos,
sin embargo los vagos recuerdos de ser marchante de la escolta hacen que
concluya que la dedicación y la responsabilidad fueron inculcadas en mi persona
desde que era muy pequeño, por lo que tenía un lugar para salvaguardar a mi
“mini” bandera dentro de mi “mini” escuela. Al terminar de cursar segundo, el
informe de que el pequeño kínder no abrirá más las puertas hizo que mis padres
se dedicaran a buscar una nueva escuela en la que pudiera continuar mis
estudios.
Mis
padres consideraron que una buena opción de escuela era en la que pudiera
acabar preescolar y continuara primaria en el mismo lugar, así fue como entré a
un nuevo ambiente. Aprender a leer y practicar la lectura era lo de esos días
considerando que mi segunda lengua, el inglés, estaba siendo introducida.
Tercero de preescolar fue superado y mis calificaciones lo demostraban; los
dientes se me empezaban a caer, señal que era tiempo de cambio de ser un bebé a
un niño. Primaria, la siguiente gran fase de la etapa de la educación (era la
“gran” porque es la más larga, con 6 años de duración). Los primeros dos años
estuvieron llenos de cambios para mí: los chismes de que si me gustaba
“fulanita” y yo a ella también surgían y se trasladaban de boca en boca por
todo el salón; clases más intensivas, cambios de salón y el encuentro de amigos
que durarían por un buen tiempo no fueron factores para que mi foto dejara de aparecer
en el cuadro de honor constantemente.
Las
cosas apuntaban que continuaría en esa escuela; sin embargo el cambio de todos
mis amigos de ese entonces, a una escuela nueva de mucho mejor nivel académico
impulsó a que mis padres hicieran un esfuerzo mayor para que pudiera obtener
una mejor y más completa educación. De tercero a sexto de primaria continuaba
con mis amigos que ya había comentado, pero no dejaba de ser el niño de las
buenas calificaciones que aparecía constantemente en la escolta.
La gran
fase de la primaria termina; dejé de ser un niño para empezar a ser un
adolescente. Los cambios académicos y el hecho de tener catorce maestros en vez
de tener 2 fueron difíciles hasta el momento donde encontré la adaptación al
sistema. La carga de materias en inglés aumentaba y mantener el promedio que
tanto había sido obsesión en años pasados ameritaba mucho más esfuerzo.
En
la secundaria conocí gente nueva y amigos nuevos que contribuyeron al cambio
radical que tuve en el segundo año de secundaria. De ser el niño de nueves y
dieces pasé a ser la piedra en el zapato de los profesores, el que se pasaba la
mayoría del tiempo de clases afuera del salón porque los maestros no lo
aceptaban en sus clases y el que era llamado por la directora para poner un
poco de orden. Después de ese cambio radical en tercero volví un poco a la
normalidad aunque ya nunca fui el mismo, mi promedio volvió a recuperarse un
poco, pero ese no fue el gran logro de ese año, sino que el ser admitido en la
preparatoria que yo quería fue la acción a resaltar en esos días.
La
fase más famosa comenzó, la preparatoria. De ir en una escuela de tamaño normal
pasé a un gigante de los colegios, ríos de gente al escuchar el timbre y un
conjunto de reglas sistematizadas contribuyeron a otra confusión a la que más
tarde me tendría que adaptar y que pude sacar mucho provecho de ese sistema.
Una aventura inolvidable con experiencias muy gratas, amigos nuevos, otra
personalidad y cosas nuevas de la vida que descubrí. Uno de los regalos que me
dio esta preparatoria fue el pase a donde me encuentro ahorita, la universidad.
Actualmente
estoy cursando el segundo semestre de Arquitectura preparándome para nunca
dejar de estudiar en la mejor escuela de todas, la escuela de la vida.